Pablo Fábregas se asume como una persona “Inestable”, al punto que de ese modo anuncia el show que ofrecerá esta noche, desde las 21, en el teatro municipal Rosita Ávila (Las Piedras 1.550). Y justifica esa definición en su trayecto de vida, que repasa sobre el escenario: nacer en una familia atípica, enamorarse de la persona menos pensada, el hijo que llegó años después y un plan estratégico para sus últimos días. “Mucha comedia a corazón abierto, sazonada con honestidad y la risa como único refugio”, avisa.
El comediante plantea que todo deviene “del estado mental de todos los que vivimos en una ciudad populosa, con la sumatoria de estrés, incertidumbre económica, velocidad urbana, problemas familiares... Descreo de aquellos que sienten o te dicen que están en eje; el estado natural es estar del orto, que es aceptar que uno tiene una locura y vivir con ella, que uno tiene tristezas y tiene alegrías”, sostiene sobre su stand up.
- ¿Aceptar esa coyuntura no te pone en una zona oscura?
- La oscuridad está cuando negamos esa parte de nosotros, creyendo que la única forma posible de vida plena es estar sonriendo y alegre todo el día. Eso me parece que es más rayano con la locura. Aceptar que uno tiene partes oscuras y luminosas, que tiene días alegres y tristes, es encontrarse uno mismo.
Llegan los shows de El Mató a un Policía Motorizado, Flema y Autos Robados- ¿Tu humor tiene límites?
- Sí, yo le pongo límites al humor porque no tengo la capacidad de hacer chistes con todas las cosas que me gustaría. Después está lo que me gusta y lo que no, que es otra cosa. Hay un montón de cosas con las que todavía no encuentro la forma de ser gracioso sin faltar el respeto o sin dañar. A mí no me molesta que otro se ofenda con lo que hago; pero no me permito hacer un chiste solo con el objetivo de ofender. Si se enojan o no se enojan, es parte de la vida.
- ¿Hablar de la realidad es estar siempre en la cuerda floja creativa en nuestro país?
- ¿Qué es la realidad? Es político. Y la inestabilidad del país la arrastramos desde hace mucho tiempo. Hay épocas más estables y otras más inestables, pero cualquier adulto mira para atrás y es difícil creer que venimos atravesando una mayoría de años estables. Es lo que hay y con eso vivimos y de eso nos reímos.
- ¿Adecuás algo del show según el lugar que lo presentás?
- No lo adapto, salvo cuando hay cosas que son recontra locales sobre la ciudad en la que vivo. Creo que hay un humor argentino. Pero sí me gusta hacer humor con la localía. Por ejemplo, para esta noche le pedí a mi amigo Gustavo Delgado que venga para hacer algo hablando de Tucumán. Me gusta explotarlo, porque las diferencias me parecen graciosas y muy enriquecedoras.
Propuestas en el teatro Alberdi y en la Sociedad Francesa- ¿Cuánto de lo que vivimos es responsabilidad nuestra?
- No tengo la capacidad para saber cuánto de lo que nos pasa es responsabilidad de nosotros mismos. Sí sé que podemos hacer unas cuantas cosas para modificar la realidad, o por lo menos sobre cómo nos afectan esas cosas. Nunca me acuerdo quien dijo la frase de que después de los 25 años cada uno debe hacerse cargo de su propia cara. Es una forma bastante humorística de decir que llega un momento en la vida donde ya hay que dejar de quejarse de lo que te pasó alrededor y hacerte cargo de lo que tenés y lo que construiste. Por supuesto, hay gente que tiene menos posibilidades y esto no los alcanza.
- ¿Reírse de lo que nos pasa es una manera de salir de donde estamos?
- Reírse te saca sólo momentáneamente de donde estás. A veces te hace olvidar las penas y te hace tener un buen momento cuando no lo estás teniendo en general. Pero los problemas se solucionan abocándose a ellos, pidiendo ayuda y buscando salidas. El humor ayuda, pero no cura.
- ¿Con qué línea del stand up te identificás y cómo cambió desde que empezaste?
- No soy un historiador del tema ni mucho menos. Tiene un nacimiento en el contador de chistes de la posguerra, pero el stand up como comedia crítica de observación tiene una raíz un poco más cercana, de los 60 y los 70. En la Argentina entró muy bien en la poscrisis de 2002. Hoy creció mucho, aparecieron un montón de estilos y se desarrolló como formato de negocio muy exitoso en teatros y bares. Pero no es un formato fácil. Como comediante, personalicé mucho mi estilo, soy más contundente y más efectivo a la hora tanto de estar arriba del escenario como al escribir o de pensar un show nuevo por la profesionalización.
- ¿Qué consejo le darías a quienes están empezando?
- No creo que sirva de mucho, porque las experiencias no son transmisibles, pero voy a decir una generalidad en la que creo profundamente: hay que laburar. Esta profesión u oficio se construye más con aguante que con talento, más con resiliencia que con resultados. Es una carrera de largo aliento; pretender que ni bien uno arranca las cosas le sucedan como desea, es una torpeza que suele agotar carreras incluso antes de que nazcan.